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El puente que une Resistencia con la capital de Corrientes se tiñó de sangre aquella mañana del 17 de diciembre, cuando la manifestación que reunía a empleados estatales a los que se les adeudaban varios meses de sueldo, tuvo un enfrentamiento con las fuerzas de Gendarmería y francotiradores apostados en los techos de las inmediaciones.

Hacía cinco días que el tránsito por esa vía inaugurada en 1978 permanecía interrumpido por estatales correntinos a los que se habían sumado movimientos sociales y estudiantes del Chaco.

Cuando Justicia ordenó a Gendarmería desalojar el lugar comenzó una verdadera batalla campal que sólo se detuvo por unos momentos en avenida Tres de Abril y Chaco, allí donde hoy hay dos cruces de urunday, sin que la mayoría de los correntinos sepa a qué se deben.

Ricardo Chiape, jefe del escuadrón que llevó adelante el operativo, asumió la responsabilidad de todas las acciones, pero desde el gobierno provincial se informó que las dos personas que murieron habían recibido disparos de balas calibre 22, “que no son las que usa esa fuerza”. Con esa declaración se reforzó la hipótesis que entre los que manifestantes “había infiltrados de izquierda”.

La preocupación de De la Rúa

“El gran dolor para el país y para el presidente de la nación, lo constituye esta triste noticia de que haya muertos y heridos en Corrientes”, sostuvo por radio el entonces presidente Fernando De la Rúa.

Según testimonios recogidos por quien escribe, todo comenzó cuando en horas de la madrugada, alguien cortó las luces del puente. La mayoría de los manifestantes bajó inmediatamente para resolver los pasos a seguir en una asamblea.

Una guardia de estatales continuó sobre el puente, y en ese momento recibiendo el apoyo de los movimientos sociales y estudiantes del Chaco.

Los dirigentes de la protesta informaron a la prensa que se había resuelto -mientras durara el corte- acatar lo que decidiera la asamblea, que nadie portaría armas y que, en caso de intimación o inminencia de represión se retirarían lo suficiente para no generar más violencia, descomprimiendo de esa manera el conflicto.

Cuando Gendarmería atacó (con balas de goma y gases lacrimógenos), lo hizo con 500 efectivos, lo hizo por dos flancos. Una columna avanzó por el puente, desde el lado chaqueño, y otra, que había cruzado el Paraná en lancha, lo hizo desde el lado correntino.

Los empleados estatales sólo tenían una opción: al quedar en un cerrojo, debían dispersarse.

Al amanecer del 17 de diciembre, ya reagrupados por avenida Tres de Abril, los manifestantes que arrojaban piedras oyeron y comprobaron que las balas que recibían ahora eran de plomo.

En Buenos Aires, los medios de difusión sostenían que de acuerdo a fuentes oficiales “la Gendarmería estaba bregando por cumplir con el mandato constitucional de permitir el libre tránsito, liberando el puente”.

Lo peor estaba por llegar

En la mañana del 17 de diciembre se desató una verdadera masacre. Ese día se reunieron unas cinco mil personas entre indefensos empleados y vecinos que se iban sumando a la protesta. En la segunda ofensiva, cerca de las diez, Federico Escobar, de 25 años, cayó abatido por una bala que le seccionó la aorta. Murió desangrado.

Minutos más tarde, Mauro Ojeda, de 19 años, desocupado, murió tras recibir un balazo en el corazón.

El saldo del enfrentamiento dejó más de 40 heridos (cuatro de ellos eran gendarmes), algunos graves, y 28 detenidos.

“Las balas calibre 22 también atravesaron el chaleco antibalas de los gendarmes heridos”-sostuvo el ministro del Interior Federico Storani- “Esas balas no usa esa fuerza; no se olviden que en esa protesta había miembros de Quebracho, Patria Libre y Venceremos”.

Los proyectiles provenían de francotiradores apostados en los techos, afirmaron testigos y que vieron que los policías podrían haber repartido las armas ya que ellos también estaban en conflicto. Esas declaraciones luego trascendieron en diarios nacionales como Página 12.

El gobernador interino Hugo Perié sostuvo que la policía “nunca iba a disparar contra el propio pueblo”, mientras Storani lo acusaba de “no disciplinar a las fuerzas, para establecer condiciones de negociación”.

Si se esperaba un poco más

“Las consecuencias hubieran sido terribles e inimaginables”, sostenían desde el poder político nacional, justificando la decisión del juez, porque “se habían agotado los tiempos y no quedaba otra”.

La policía provincial, con Hugo Perié al frente, portó banderas blancas y se interpuso entre los grupos enfrentados, en señal de cese del conflicto. Fue una jugada política muy fuerte. El obispo correntino Domingo Castagna recogió el guante e hizo un dramático llamado a la pacificación. Además la Casa Rosada prometió que Ramón Mestre se haría cargo del gobierno.

Mestre anunció esa tarde que el lunes siguiente traería plata fresca para pagar el aguinaldo y diciembre. Pero los servicios de seguridad también advertían que “si el conflicto social se ponía más duro, habrá que ver” el accionar futuro de Gendarmería.

En 2012 la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se comprometió con las familias de las víctimas a reparar los hechos y a dar impulso a una investigación que identifique y sancione a los autores materiales e ideológicos de muertes y lesiones.

Se esclarecería de esta manera un hecho oscuro de nuestra historia reciente que no tuvo mucha presencia en los medios nacionales, y que no se diferencia demasiado de la Tragedia de Puente Pueyrredón donde cayeron los luchadores sociales Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, un año y medio después.

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Norte es un periódico matutino editado en la ciudad de Resistencia, Chaco, Argentina. Fue editado por primera vez el 1 de julio de 1968 y tras el cierre del diario El Territorio se convirtió en el periódico con mayor tirada de la provincia.

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